Columna del Abogdo, Columnista y Periodista,

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NEURONAS EN EL ESPEJO DE LA CORRUPCIÒN

Cuando el jefe roba o hay sospechas de que es parte del entramado para saquear los bienes públicos, el subalterno también se arroga la facultad de tomar su parte de la tajada del erario. En la neurología se llama Neuronas en el Espejo.

Ese mismo efecto espejo va invadiendo las neuronas de la sociedad desesperanzada al punto de volverse “normal”. Es así como, del ciclo de gobierno al ciclo electoral, se escuchan expresiones como: “Fulano ya robó, dejemos que robe otro”. Como si causara placer que te están robando. O como si se ignorara que lo público se sostiene con tu bolsillo.

Es una especie de pacto canceroso de la sociedad indolente con los corruptos de las altas esferas de la política, los grandes contratistas y el gobierno. Es indignante que los billones que se roban por la vía de millonarias contrataciones en Reficar, Ruta del Sol y hasta en el Hospital San Jorge, sean los recursos que en educación, salud, deporte etc, requiere el país para salir del subdesarrollo.

Como los órganos de control, por las mismas razones, son inanes, no obstante, hay tres modelos que otorgan poder y autoridad moral para combatir la corrupción: 1) El ejercicio de las normas que orientan las buenas prácticas; 2) Un código de gobierno corporativo claro, concreto y conciso; y 3) Predicar con el ejemplo, código consuetudinario jamás escrito pero siempre efectivo.

Los famosos slogans presidenciales “La corrupción en sus justas proporciones” de Turbay; “Que tiemblen los pillos” de Belisario; el “Gobierno transparente” de Uribe; la “Urna de cristal” de Santos y “El que la hace la paga” de Duque, son una combinación de retórica y demagogia en un país donde el atraso social es producto de los grandes escándalos de corrupción que han sido la vía para gangrenar las arcas públicas.

Al poner la lupa en los grandes contratos, se ve el agujero negro de los sobrecostos, al punto que ciertos dirigentes privados quedan maniatados para intervenir o hacer propuestas que en caso de ser escuchadas, resultan inocuas, como la que hizo la Sociedad de Mejoras para poner en jaque el desorden (puerta de la corrupción) en el Hospital San Jorge, en donde pese a todas las denuncias, no pasa nada.

O peor aún. Si va a pasar, pero para empeorar. Tal como advierte en su columna del domingo el Dr. Jaime Cortés Díaz, presidente del Comité Intergremial al anotar que el Hospital tiene en riesgo el carácter de Universitario, la certificación de ciertas áreas y la pérdida de la vigencia de la estampilla de salud.

Claramente, no bastan las obras (que reconocemos). Pero sin moral pública, son poco para decir que “estamos cambiando”. No basta que la mujer del César sea honesta. También debe parecerlo.